| :) |


Le confesé que lo amaba de verdad, y después de decírselo hizo una mueca, no como si no supiera qué contestarme, más bien como si supera que no lo merecía. Y era verdad, no lo merecía.
«¿Y bueno?», le hice saber que esperaba una respuesta.
«¿Qué quieres que te conteste?», preguntó.
«Miénteme. Pero hazlo bien, dime una mentira que duela, pero no lo suficiente. así no me sentiré tan mal quedándome un rato más contigo»
Levantó la cabeza y me besó la frente de una manera tan fría que pude sentir un calambre en la cabeza y oídos, lo empujé y su cabeza rebotó contra el vidrio de la ventana.
Le miré profundamente en los ojos. «Esta es la última vez que me vas a ver, ¿no tienes nada más que decir?»
Miró hacia el frente y apoyó la cabeza sobre el volante, después suspiró.
Abrí la puerta del auto y la cerré sin mirar atrás.
Y así supe que sí me amaba de regreso. Qué decepción.